El contestador de los abuelos

–Buenos días, en este momento no le podemos atender. Por favor, déjenos su mensaje después de oír la señal y le contestaremos a la mayor brevedad posible:
–Si eres uno de nuestros hijos, di quién eres. Luego,
–Si necesitas que vayamos a recoger a tus hijos al cole, marca el 1 y cuelga.
–Si necesitas que nos lo quedemos toda la tarde, marca el 2 y cuelga.
–Si quieres que nuestros nietos duerman con nosotros, marca el 3 y cuelga.
–Si vais a venir a comer con nosotros el domingo, marca el 4 y cuelga.
–Si quieres que te prestemos el coche, marca el 5 y cuelga.
–Si necesitas dinero, marca el 6 y cuelga.
–Si nos vas a invitar a cenar en un buen restaurante o nos vas a llevar al teatro, o no eres uno de nuestros hijos, sino uno de nuestros buenos amigos, puedes hablar, porque te estaremos escuchando.
Palabras en el paladar

Son palabras que se encabalgan en la mente y van como al trote, al galope, al unísono casi, en una mar oleante de significados más ancho, largo y profundo que las vértebras de sus letras enlazadas. Cualquier día de estos les compongo un poema a un ramillete de ellas, pues no en vano soy amante cronista de lo antiguo y primordial, sensorial, señorial y testimonial.
Decid conmigo: alfil, aljama, alfombra; alfiler, aljofaina, alfaquí; alpargata, alpechín, almirez; alfaqueque, alféizar, alfarero; alfondoque, aljófar, alfajor, aljaba, aljibe…
Almudena confórmase bien con almoneda y azucena; alcanfor huele y se asemeja a naftalina; alfanje corta y alférez luce y desfila; almogávar navega; almocafre curte la tierra; almohada da sueño y ensoñaciones; almizcle se te mezcla en la boca; almíbar y almendruco saben a infancia; almanaque nos cuenta los días...
Seguid, seguid paladeando palabras y palabras.
Apuleyo Soto Pajares
Profesor y periodista